Coaching

Cuando nunca es suficiente

Supongo que alguna vez te has encontrado en esta situación: te planteas un objetivo, llegar a una meta clara y cuando estás casi ahí o bien te das cuenta de que necesitas más tiempo y mueves (una vez más!) la fecha de finalización o bien no sientes esa alegría indescriptible que imaginabas.

Vamos a por un ejemplo práctico. Supongamos que quiero perder 7 kilos y hacer ejercicio al menos dos veces a la semana durante los próximos seis meses. Se abren, simplificando mucho, tres escenarios posibles:

  • UNO – Me pongo a ello siendo consciente de que voy a necesitar cada día de mi esfuerzo y voluntad. Pasan los seis meses, cumplo mi objetivo y me siento feliz.
  • DOS – Me pongo a ello y, a pesar que me cuesta mucho y paso por momentos malos, cumplo mi objetivo. Extrañamente no siento nada. Eso me lleva a plantearme para qué tanto esfuerzo y a marcarme un objetivo mas ambicioso esperando que, este sí, llene ese agujero.
  • TRES – Me pongo a ello, empiezo fuerte y me voy diluyendo. Cuando se acerca la fecha pienso que tampoco es tan importante y que puedo atrasarlo unos “mesecitos” más. Pasa un año y sigo igual, en la casilla de salida.

Encuentra las tres diferencias

Puede que ahora mismo estés pensando que el escenario uno y dos no se diferencian tanto. El objetivo se ha cumplido igual y si no te hace feliz pues a aguantarse, es lo que hay.

Pero la gran diferencia entre el uno y los otros dos NO es el haber llegado a la meta; la diferencia está en cómo y por qué razón se eligió ese objetivo.

A veces, si fuéramos absolutamente sinceros con nosotros mismos, nos daríamos cuenta de que intentamos satisfacer a otros. Cumplir las expectativas de otros. Aterrizando en la parte de negocio online estaríamos así por ejemplo si eligiésemos un objetivo de facturación no por nosotros sino porque de esa manera podríamos callar muchas bocas y pasearnos sabiendo que los demás nos miran con admiración.

Y entonces llegas y te das cuenta de que estas exhausto, cansado y que no eres todo lo feliz que se supone que deberías ser. ¿Por qué? Porque esa meta era un objetivo externo a ti.

¡Ojo!, es importante que entiendas que de ninguna manera estoy sugiriendo que tener una meta “práctica”, tangible sea malo. Todo vale siempre y cuando seas tú el que lo decidas.

De eso van nuestros objetivos internos, nuestros objetivos esenciales. Están alineados 100% con nuestros deseos y anhelos más personales y cumplirlos nos hace extremadamente felices. No solamente porque el esfuerzo se ve recompensado sino también porque nos acercan más a lo que queremos SER.

¿Cómo fijo entonces mis objetivos?

Pues mira la mejor respuesta para esto es: ¡siendo egoista!

Piensa en ti, en qué te hace feliz, en qué te gustaría dejar huella, en cómo planeas ayudar a la gente. Por supuesto siendo consciente de que un negocio es siempre un negocio y si no facturas no comes.

Olvídate de lo que se espera de ti, de lo que los demás están haciendo. Saca los pies del tiesto.

Cuando encuentres ese punto exacto en el que se une lo que te encanta hacer con lo que ayuda, de verdad, a otros y además te da dinero habrás encontrado tu respuesta. No es fácil pero, en absoluto, imposible

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